Fecha: 24 de agosto 2026
En el campo colombiano hay historias que difícilmente aparecen en las grandes estadísticas. Historias de hombres y mujeres que madrugan, trabajan la tierra, cultivan y sostienen sus familias, pero que durante años han tenido que acostumbrarse a vivir con necesidades básicas que para muchos parecen impensables.
Una de esas historias es la de Jaime Quintero, campesino de la vereda Las Rosas, en el municipio de Lérida, Tolima.
Jaime trabaja la tierra y, como tantos campesinos, encuentra en ella su sustento. Sin embargo, su hogar reflejaba una realidad mucho más compleja: una vivienda construida con madera y materiales sencillos, una cocina en condiciones precarias y, hasta hace poco, la ausencia de un baño que cumpliera con las condiciones mínimas de dignidad.
Para Jaime y su familia, algo tan cotidiano como utilizar un sanitario, bañarse o recibir una visita podía convertirse en un motivo de incomodidad.
Las necesidades básicas estaban ahí, dentro de su propia casa, esperando una solución.
Una obra que va más allá de cuatro paredes
Fue entonces cuando apareció una de las acciones que desarrolla la Corporación Autónoma Regional del Tolima, CORTOLIMA, bajo la dirección de Olga Lucía Alfonso, a través de sus programas dirigidos a las comunidades rurales.
Entre ellos se encuentran los Sistemas de Tratamiento de Aguas Residuales (STAR), una estrategia que busca mejorar las condiciones sanitarias de las familias campesinas y, al mismo tiempo, contribuir a la protección de las fuentes hídricas.
En el caso de Jaime, la intervención significó mucho más que la construcción de una infraestructura.
Hoy su familia cuenta con un espacio dotado con baño, sanitario, ducha, lavamanos, lavadero y tanque de reserva, entregado con sus respectivos acabados y listo para ser utilizado.
Lo que para algunos podría parecer una obra pequeña, para Jaime representa un cambio enorme en su vida.
“Me daba pena cuando me pedían el baño” una frase de Jaime que resume buena parte de esta historia.
Durante años, cuando un vecino o una visita llegaba a su casa y le pedía utilizar el baño, él sentía vergüenza por las condiciones en las que debía recibirlos.
No había un espacio adecuado. La privacidad era limitada y las condiciones eran difíciles. hoy, mientras muestra con orgullo el nuevo espacio, esa vergüenza se convirtió en una sonrisa y no solamente la de él, también está la sonrisa de su esposa, que evidencia que la transformación no fue solamente física. Cambió la manera de vivir su hogar.
Porque hablar de calidad de vida también significa hablar de esas cosas que muchas veces damos por sentadas: poder bañarse dignamente, tener un sanitario adecuado, lavarse las manos, lavar la ropa o recibir a un vecino sin sentir vergüenza.
Pero detrás de esta historia hay otro componente fundamental.
Las STAR no solamente buscan mejorar las condiciones de vida de las familias rurales. También tienen un propósito ambiental: contribuir al adecuado manejo y tratamiento de las aguas residuales, evitando que los vertimientos lleguen directamente a las fuentes hídricas.
Así, una solución que comienza en el baño de una vivienda termina teniendo impacto en el entorno.
Es la conexión entre dos necesidades que durante años parecían estar separadas: la dignidad de las familias campesinas y la protección del medio ambiente.
La historia de Jaime también permite entender una realidad: muchas de las necesidades de las comunidades rurales solamente pueden dimensionarse cuando se recorren los territorios y se escucha directamente a quienes los habitan.
CORTOLIMA desarrolla diferentes programas que buscan responder a esas necesidades. Huertas caseras para fortalecer la seguridad alimentaria, biodigestores que permiten aprovechar residuos para la generación de biogás y reducir impactos sobre las fuentes hídricas, además de los sistemas de tratamiento de aguas residuales, son algunas de las iniciativas que llegan a las comunidades campesinas.
Al final, esta no es solamente la historia de un baño, es la historia de cómo una intervención puede cambiar la percepción que una familia tiene de su propia casa, es la historia de un campesino que dejó de sentir vergüenza cuando alguien le pedía utilizar el baño, es la historia de una esposa que hoy puede mirar ese espacio con orgullo y es también una muestra de que las grandes transformaciones no siempre comienzan con grandes obras.
A veces comienzan con algo tan sencillo y fundamental como garantizar que una familia