Fecha: 29 de septiembre 2026
El pasado jueves 17 de septiembre, en la Universidad del Tolima, Mateo Ricardo Lozano recibió su título como licenciado en Ciencias Sociales.
En el auditorio, su madre, María Cuéllar, trabajadora de servicios generales en una clínica en Ibagué, lo observaba con la satisfacción de haber cumplido una meta, tras años de trabajo constante y dificultades económicas, una historia que refleja la lucha y el sacrificio constante de cientos de familias en el país.
María Cuéllar también compartió en sus redes sociales un video en el que, con orgullo, mostró el grado de su hijo. En la grabación, que rápidamente empezó a circular entre usuarios, se leía: “¿Dónde estará la señora de servicios generales? Pues graduando a mi hijo de licenciado”.
El mensaje, cargado de emoción, conectó con miles de personas y terminó por hacerse viral en redes sociales.
"Una compañera me tomó la foto, editamos el video y lo subimos a redes porque Mateo es mi orgullo", recordó María.
Sus días estuvieron marcados por jornadas largas, ingresos limitados y la responsabilidad de garantizar que Mateo y sus otros hijos pudieran continuar sus estudios.
Tras la ceremonia de ese jueves y en medio de un emocionante abrazo, fue imposible no mirar atrás.
Hace más de 15 años, María y los suyos, junto a un Mateo que para ese entonces no era más que un niño, tuvieron que salir desplazados de su municipio y establecerse en Ibagué.
En el barrio La Gaviota, donde hoy viven, reconstruyeron su hogar.
En esa acogedora casa, María habla de cómo la vida la llevó a tener que abandonar las labores del hogar y empezar a trabajar en servicios generales.
Pese a que había días en los que el cansancio pesaba más que cualquier otra cosa, María se llena de orgullo al poder sacar a su hogar y el estudio de sus hijos adelante.
“Es un orgullo para uno de mamá poder que los hijos cambien un poquito este método de buscar trabajo en lo que toque, sino en lo que uno estudia, en lo que se preparó”, afirmó.
Ese esfuerzo permitió que Mateo no solo culminara la licenciatura en Sociales, sino que también se formara como enfermero, ampliando sus posibilidades laborales.
“Detrás de la señora que barre hay un futuro de unos hijos”, señaló.
En medio de ese proceso, el padre de Mateo, aunque tuvo que separarse de su hogar, se mantuvo comprometido con el objetivo familiar. Con una sola mano, trabaja haciendo zapatos, un oficio que también aportó al sostenimiento del hogar y a la formación profesional de su hijo.
El día de la graduación condensó años de sacrificio. Desde su lugar, María observó el momento en el que su hijo recibió el diploma, consciente de que ese instante sintetizaba el trabajo acumulado durante más de una década.
"Quería como pararme y gritar y decirle que eres el mejor”, recordó.
Con una universidad pública y de alta calidad, el grado se convierte en la posibilidad de acceder a un empleo acorde con la formación recibida y de proyectar nuevas metas educativas.
“Este título ha sido muy importante para mí porque permite que personas que venimos del campo, como nosotros, podamos tener acceso a una educación”, concluyó Mateo.